Morosoli
EL
BURRO
Umpiérrez
se levantaba, empezaba el mate, encendía el fuego y ponía un
churrasquito en las brasas. Después desayunaba y se iba al horno de
ladrillos donde trabajaba. Al mediodía se apartaba del grupo de
"cortadores" que hacían un fuego en común, encendía su
propio fuego, tomaba mate, ponía un churrasquito y almorzaba. De
tarde, al regresar del horno, pasaba por el matadero, levantaba unas
achuras, las asaba, tomaba mate y cenaba. Luego se sentaba frente a
la noche, fumando. Por el camino ciego que moría en el horno, no
pasaba nadie. A sus espaldas las tunas y cinacinas, borroneaban la
noche. Después se iba a dormir.
Al
otro día hacía lo mismo. Y al otro día igual. La única excepción
era el domingo, porque ese día no trabajaba y hacía comida de olla:
puchero o guiso.
Una
vez Anchordoqui le preguntó:
-¿Pero vos no vas nunca al boliche?
-¿Pa qué?
-A jugar un truco... A tomar una caña...
-¿Para salir peliando después?
-¿Y las mujeres no te gustan?
-¿Pa qué? ¿Para llenarte de hijos?
-¿Pero vos no vas nunca al boliche?
-¿Pa qué?
-A jugar un truco... A tomar una caña...
-¿Para salir peliando después?
-¿Y las mujeres no te gustan?
-¿Pa qué? ¿Para llenarte de hijos?
Anchordoqui
seguía preguntando. Esperaba dejarlo sin respuesta.
-¿Y perro no tenés?
-¿Pa qué?
-¿Cómo pa qué? -dijo Anchordoqui malhumorado-. ¿Pa qué...? ¡Para tenerlos nomás, para lo que se tienen los perros!
-Para tenerlos nomás, mejor no tenerlos...
-Pero alguna diversión tenés que tener -dijo Anchordoqui en retirada.
-¿Querés mejor diversión que vivir como yo vivo?
-¿Y perro no tenés?
-¿Pa qué?
-¿Cómo pa qué? -dijo Anchordoqui malhumorado-. ¿Pa qué...? ¡Para tenerlos nomás, para lo que se tienen los perros!
-Para tenerlos nomás, mejor no tenerlos...
-Pero alguna diversión tenés que tener -dijo Anchordoqui en retirada.
-¿Querés mejor diversión que vivir como yo vivo?
Esta
vez fue Anchordoqui el que no contestó.
Con
los vecinos se llevaban bien. A Nemesia la lavandera, vecina de
metros más allá, la veía cuando se levantaba. Ella le daba los
buenos días, arrimaba el carrito de mano, en el que llevaba las
bolsas de ropa al arroyo y al fin las cargaba. Alguna vez Umpiérrez
la ayudaba a levantar las bolsas.
Con
Vera -el guardia civil lindero del otro lado-, se veían a boca de
noche, cuando regresaba de "el servicio", y solían cambiar
algunas palabras. Una vez que éste estuvo enfermo fue a acompañarlo.
Llevó la pava y el mate y se sentó al lado de la cama, le preguntó
si quería algo y luego se puso a tomar mate callado.
Al
rato Vera le dijo:
-Yo no hablo porque tengo la garganta mal...
-Quédese callao nomás -respondió él-, yo no vine a hablar. Vine a acompañarle.
-Yo no hablo porque tengo la garganta mal...
-Quédese callao nomás -respondió él-, yo no vine a hablar. Vine a acompañarle.
Así
estuvo hasta que Vera se durmió.
-El hombre está dormido -se dijo-. Levantó la pava, puso el mate en un bolsillo y se fue.
-El hombre está dormido -se dijo-. Levantó la pava, puso el mate en un bolsillo y se fue.
Un
día partió hacia la estancia de Ramírez. Iba a hacerle cuatro
"quemas" de ladrillo "por un tanto" con techo y
comida.
Al
terminar le dijo a Ramírez:
-El trabajo está... Si no precisa algo más...
-El trabajo está... Si no precisa algo más...
Ramírez
le contestó que no. Le dijo -además- que estaba muy contento con él
y con el trabajo que había hecho.
-Le voy a regalar una manta de charque, medio capón y una bolsa de boniatos.
-La cuestión es llevarlo -comentó él.
-Cargue en el burro y cuando llegue a su rancho lo echa al camino...
-¿Y cabrestiará? -preguntó Umpiérrez.
-Pruebe...
-Le voy a regalar una manta de charque, medio capón y una bolsa de boniatos.
-La cuestión es llevarlo -comentó él.
-Cargue en el burro y cuando llegue a su rancho lo echa al camino...
-¿Y cabrestiará? -preguntó Umpiérrez.
-Pruebe...
Era
un burro sin dueño y cansado de caminos, que había llegado allí un
día que encontró la portera abierta. Era de pelo gris, con basteras
que empezaban a pelechar, de orejas quebradas que le caían sobre las
quijadas.
Él
ensilló su caballo, cargó el burro y partió. El burro emparejó el
trotecito del caballo sin dificultad. Cabrestiaba que daba gusto.
Había marchado como una hora olvidado del burro, cuando se le
ocurrió mirar para atrás. El cabestro se había desprendido de la
sidera, pero el burro seguía la marcha como si nada hubiera
ocurrido.
-¡Mirá! -dijo Umpiérrez.
-¡Mirá! -dijo Umpiérrez.
Desmontó,
sacudió la clinera del burro con simpatía, ató otra vez el tiro y
siguió camino adelante.
Llegó, desensilló, y luego de refrescar
el caballo lo soltó allí nomás en el potrero lindero al horno.
Luego consideró que el burro tendría sed. Sacó la lata de lavarse
los pies, la llenó de agua y esperó.
-Sin duda el burro, después de beber -pensó-, tomará el camino. Hambre tiene que tener...
-Sin duda el burro, después de beber -pensó-, tomará el camino. Hambre tiene que tener...
Pero
no. El burro bebió y luego se paró frente a él, mirándole con
curiosidad llena de ternura.
-¿Pero ha visto? -dijo Umpiérrez, hablando para sí mismo a media voz. Y tras un silencio:
-Umpiérrez, traele un poco de chala... Te trajo el charque y el capón y los boniatos.
Y cuando él se aconsejaba, siempre aceptaba los consejos.
-¿Pero ha visto? -dijo Umpiérrez, hablando para sí mismo a media voz. Y tras un silencio:
-Umpiérrez, traele un poco de chala... Te trajo el charque y el capón y los boniatos.
Y cuando él se aconsejaba, siempre aceptaba los consejos.
Por
eso fue a buscar un brazado de chala.
Al
otro día cuando volvió del trabajo, encontró a López -un español
riquísimo dueño de medio pueblo- parado frente al burro.
-¡Qué lindo animal! -le dijo y agregó-: Cuando yo era niño y cuidaba ovejas en la montaña, tenía uno igual...
-¡Qué lindo animal! -le dijo y agregó-: Cuando yo era niño y cuidaba ovejas en la montaña, tenía uno igual...
Unpiérrez
pensó que López se estaba riendo de él y del burro. Pero no,
porque López siguió así:
-Mañana traigo a mis nietos a verlo y te mandaré un saco de maíz y otro de afrecho.
-Mañana traigo a mis nietos a verlo y te mandaré un saco de maíz y otro de afrecho.
Umpiérrez
se quedó cavilando. Halló que la actitud del burro con él, y la de
López con el burro eran una cosa rara. Y aquella generosidad,
conociendo a López, más.
Él
iba al horno. Venía. Se iba otra vez. El burro lo veía partir, de
pecho al camino, como hace un perro cuando se va el amo. Al
atardecer, cuando Umpiérrez volvía, el burro estaba allí
esperándole.
Aquella
tarde estaban López y Nemesia frente al rancho.
-¿Qué pasa? -preguntó Umpiérrez.
-Pasa que los muchachos casi matan el burro a pedradas. Si Nemesia no llega a tiempo... Mañana hacemos el alambrado y un galpón de cajones...
-¿Qué pasa? -preguntó Umpiérrez.
-Pasa que los muchachos casi matan el burro a pedradas. Si Nemesia no llega a tiempo... Mañana hacemos el alambrado y un galpón de cajones...
Era
un galpón abrigado, de piso seco, con olor a pasto. Cuando llovía,
Nemesia iba allí a lavar y a secar la ropa. Umpiérrez cebaba mate
para los dos. Un día ella se comidió para hacer la comida, y él
aceptó.
Anchordoqui
terminó el comentario:
-No quería bichos ni mujer, pero el asunto es que los tres se la pasan mejor que yo...
-No quería bichos ni mujer, pero el asunto es que los tres se la pasan mejor que yo...
Juan
José Morosoli (1955) suplemento “El día”
Comentario
Título
: el título del texto es epónimo ya que el burro toma el
caracter de un personaje porque es el el que causa un cambio en los
demás.
Argumento:
La
historia que se plantea en el cuento es sobre un hombre solitario y
antisocial
Etopeya:
Es
desconfiado y solitario pero cordial con los vecinos (Nemesia la
ayuda a llevar la ropa y el guardia civil lo acompañó al estar
enfermo).
Es
reacio a hablar (soliloquio se habla a sí mismo, se aconseja darle
de comer al burro) y rutinario (el mate y los churrascos reiteración
del primer párrafo)Morosoli pinta las costumbres de la gente de
campo característica del escritor además de utilizar un vocabulario
típico de la gente de campo(pa qué, a boca de noche, cabrestiaba
que da gusto)los elementos
Pobreza:
no tiene en que llevar el obsequio (bolsa de boñatos, manta el
charque y medio capón). No comía otra cosa que churrascos y mate.
Esop era por su condición de hombre solitario y por la falta de
recursos.
No
tiene vicios: es un hombre pacífico.
Es
libre le gusta la vida tranquila no quiere mujer, ni hijos ni
relaciones sociales, no mascotas.
Es
trabajador y honrado. (Trabajo realizado a Ramírez)
Paisaje:
regionalista de campo
Oficio
hace changas y vive cerca del horno donde trabaja.
Comentarios
Publicar un comentario